De las cárceles de los imaginarios contemporáneo a una estética de la libertad (por maría Noel Lapoujade)

Premisa Sabemos que el movimiento, la velocidad se formula como la relación v = e/t. El tiempo que tarda un móvil m, en recorrer un espacio e, es la velocidad, el movimiento. Conocida o no, esta fórmula se aplica desde el hombre prehistórico que necesitó trasladar una inmensa roca para erigir un menhir, construir un dolmen, o en un alarde de imaginación y tecnología, levantar una pirámide, hasta la actualidad. Después de una larga historia, desde esa lenta y ardua velocidad, quizás una velocidad de centímetros por hora; hasta la velocidad supersónica actual, que supera la velocidad del sonido, la fórmula de base es la misma, y el tema es: el movimiento. Este caso funge como modelo para la propuesta de reflexión filosófica de este texto. Así, las cárceles contemporáneas de los imaginarios, no son nuevas cárceles, sino la multiplicación, la proliferación y la intensificación inaudita de las cárceles de los imaginarios de la humanidad. Es un problema de máxima potenciación, diversificación y refinamientos de las perversiones contemporáneas respecto de los imaginarios actuales, al punto de poner en peligro la continuidad, la salud y en el extremo, la existencia misma de nuestra especie 17.Cárceles de los imaginarios, entre cuyos muros invisibles transcurre la vida de millones de nuestros contemporáneos en cualquier rincón del mundo.

Cárceles de los imaginarios contemporáneos “El hombre envuelve en torno de sí mismo su propia red.” 18 En las más diversas sociedades actuales, la vida transcurre sumergida en una suerte de bombardeo de imágenes. Las imágenes visuales, auditivas olfativas, televisivas y virtuales se han convertido en las rectoras de millones de vidas. Enfrentar el problema por y desde las imágenes sueltas, como si surgieran por generación espontánea es una omisión. Es agarrar el toro por el rabo. Desde la neurofisiología puede aceptarse el cerebro como un “archivo de imágenes”, pensamos con imágenes de origen sensible, y “cualquier actividad cerebral es una imaginación” 19. La imaginación puebla la subjetividad de imágenes. Las relaciones con uno mismo, con el otro, con la exterioridad natural o social, de manera inmediata y vivida se montan en imágenes. Las imágenes son el montaje del pensamiento. Más radical aún, se piensa en imágenes. Las imá
genes en primera instancia brotan, emergen de la fuerza humana de la imaginación, cuya acción consiste, precisamente, en segregar, fraguar, construir, modificar y destruir imágenes. Las imágenes en general son los “productos” que la imaginación humana segrega. Dependiendo de sus tipos son formas, configuraciones, figuras o fórmulas. 20 Las imágenes pueden ser subjetivas u objetivas, materiales o virtuales, emanaciones directas, inmediatas de la imaginación, o imágenes derivadas tales como: íconos, signos, símbolos, metáforas, parábolas, alegorías, entre otras. Cuando se enhebran en un tejido particular, como una totalidad, constituyen constelaciones que llamo: imaginarios. 21 Así, es posible clasificar esos mundos imaginarios en imaginarios de una sociedad, una cultura, un grupo, un filósofo, un artista, un poeta, un científico, un teólogo, un pedagogo, o sus respectivas áreas. Es importante investigar los diversos imaginarios históricos, pero sin olvidar que ellos se inscriben, se recortan de imaginarios a-históricos, esquemáticos o arquetípicos, los cuales, sin embargo, se realizan históricamente constituyendo imaginarios relativos, parciales, y en sus devenires diversos. 22 A los efectos de hacer viable nuestra reflexión, en el presente contexto me limito a denotar y describir solamente ciertas características de imaginarios sociales contemporáneos. Entre ellos, aquellos que se convierten en verdaderas prisiones del espíritu, alma, mente o subjetividad, como quiera que se llame. Tesis de partida: las imágenes privilegiadas convertidas en imágenes modelo en las sociedades contemporáneas (desarrolladas o no) son diversas configuraciones del verbo consumir. Verbo, cuyas acciones se coagulan en el sustantivo el consumo, y nombran el agente llamado consumidor. Hasta ahí todo va bien. Lo alarmante es que el consumidor es impulsado en las sociedades actuales a convertirse en un consumista.

Acuerdos semánticos El verbo consumir, (del latín consummère), tiene que ver con comer, beber, absorber, disipar, destruir y en sus acepciones más fuertes, puede llegar a significar exterminar, anonadar, aniquilar. Significa también gastar dinero. 23 En general alude a usar, utilizar, gastar. Se trata de usar las cosas, o sufrir enfermedades, o ser alcanzado por el fuego, de manera tal que el ente en cuestión queda destruido o inutilizado. En economía denota la acción de adquirir un bien o un servicio para satisfacer una necesidad básica. El consumo es el uso de, utilización de, o el gasto de algo: luz, combustible, madera, alimentos, droga, alcohol, medicinas etc. Se utiliza en significados sociales o individuales, normales o patológicos, significados directos o literarios metafóricos, simbólicos, alegóricos etc. El consumidor es el agente del consumo necesario para la vida. La sociedad de consumo puede definirse en general como un tipo de sociedad o de sistema económico que conduce a consumir y suscita necesidades, en rigor, prescindibles, más aún, en general, crea necesidades superfluas, tales como lujo, modas, etc., pseudo-necesidades, que presenta como si fueran auténticas condiciones de vida.

El tipo humano llamado consumista El individuo cuya vida se rige por el verbo consumir, constituye el consumista de hoy. En consecuencia, ya sea por el peso de la sociedad de consumo, o por el desarrollo del consumista potencial, que todo consumidor porta en sí mismo, o por ambos factores, una parte fundamental de las cárceles de los imaginarios contemporáneos son habitadas por los millones de consumistas de todas las latitudes. El consumidor es un consumista potencial. El surgimiento de consumistas en gran escala es exacerbado y conducido por la propaganda, la televisión, los medios virtuales como internet, y todas las redes de la comunicación que se expanden hasta invadir impunemente los espacios de la intimidad. Marcel Proust desde su aguda percepción de la realidad plasmada en obra literaria, señala la imprudente e inmoral intromisión del teléfono en la intimidad, anticipando así la invasión generalizada de la intimidad en nuestro tiempo. 24 Por su parte Guy Debord en La société du spectacle, desde el punto de vista de la economía, pone de manifiesto la tendencia de las sociedades contemporáneas a la unificación, y la peculiaridad de convertir todo en espectáculo; germen del concepto de globalización. 25 En la actualidad esos fenómenos se han hipertrofiado, pues la invasión total de la intimidad por las redes de la comunicación ha convertido las sociedades de consumo en sociedades obscenas, como subraya Jean Baudrillard. 26 La vida actual consume casi todo su tiempo ante la televisión, los medios virtuales, y las redes de comunicación, de modo que la inmediatez de lo vivido en la intimidad, o la inmediatez de la vivencia del otro y la vivencia inmediata de la naturaleza han sido prácticamente arrasadas. ¿Cuántas horas cada día estamos sentados ante las pantallas que rigen la vida? La vida actual se nos escapa, se pierde mientras estamos sentados la mayor parte del tiempo ante todo tipo de pantallas: tv., internet, videos, cines, imagenología de la medicina actual, letreros de propaganda, etc. La vida cotidiana en las ciudades transcurre entre pantallas. Más grave aún, esas pantallas avasallan y anonadan al espectador con sus exageradas dosis de violencia, terror, y horror, así como con las más diversas y refinadas formas de crueldad. 27 Esa misma dócil absorción de violencia creciente hace que los individuos anestesiados compongan estas sociedades de anestesia generalizada. De esta manera, los individuos han sido vaciados de espiritualidad, e inoculados con imaginarios de violencia, muerte, odio, destrucción, etc., de tal modo que el consumismo viene a llenar el vacío del espíritu, el páramo de la subjetividad. Por su parte los sistemas educativos desde las primarias hasta los posgrados, en nuestras sociedades globalizadas desatienden absolutamente el espíritu. Cuando bien nos va se proporcionan informaciones, pero ¿dónde se educa el espíritu, la sensibilidad, el registro estético de lo humano? En suma, estas son las vías más idóneas para convertir el consumidor moderado en un voraz consumista sobreviviendo en su adicción. El consumidor consume, para vivir. El consumista vive para comprar, usar, utilizar, tener, poseer. El consumista es la caricatura del consumidor.

Prisiones de los imaginarios del consumista Estos imaginarios articulan un conjunto de imágenes de acciones del tipo humano “consumista”, cuya vida gira en torno al verbo “consumir”. Ejercer el consumismo consiste en desarrollar el sentido de posesión, de apropiación. La vida, las sociedades, las culturas, los otros y a sí mismo se miden por las posesiones. Se trata de tener y no de ser. La acción de poseer, de tener resulta potenciada por lo que el individuo imagina en torno de la misma, y comienza a hilar imaginarios, ayudado por los medios de comunicación, la propaganda, la televisión, el internet. Depender de avatares tan externos y aleatorios como el tener, el poseer, con sus variaciones, sus ganancias y sus pérdidas, va creando individuos sujetos a los torbellinos y hasta huracanes de las finanzas. Piénsese en el extremo de la vida sujeta a los vaivenes de la bolsa. Esos individuos viven sujetos a emociones hacia la exterioridad, alegrías, tristezas, exaltaciones y depresiones, cambios bruscos de humor que alteran su equilibrio. Así se van creando individualidades débiles y dependientes, malsanas y nocivas para la sociedad. Si su ansia de tener rige aún sus relaciones con el otro (pareja, hijos, amigos, compañeros…), el otro deviene mi posesión. De aquí a las pasiones no hay más que un paso. Poseer al otro, paradojalmente me vuelve dependiente del otro, quien en su libertad, si es normal, no se deja convertir en cosa. Surgen así relaciones pasionales, de posesión, dependencia, esclavitud, de lánguida inacción, y eminentemente destructivas para el propio individuo. Entre su inmensa gama de aspectos y matices: los celos. De entre todas estas cárceles de los imaginarios me detengo algo más en ésta, los imaginarios aprisionantes de los celos. Los celos surgen de las escenas imaginarias tejidas en torno al gozo del amante con otro ser. Pueden culminar en la constatación de otras relaciones del amante, cuyo carácter torturante no deja de ser siempre el imaginar el goce en otra relación. Marcel Proust tiene páginas de magistral sutileza cuando pone al descubierto los más recónditos rincones de los celos en el alma humana en su minuciosa descripción in crescendo de los celos, desde un oscuro e inocente comienzo. El personaje, Swann, comienza a transformarse cuando empieza a sacrificar “sus placeres intelectuales y sociales”: la música, la pintura de Vermeer, al “placer imaginario” que la posesión de Odette le ha vuelto más intenso aún. 28 Conquistada la relación, un día cae en el amante la idea que quizás su amada espera a alguien. Nace así bruscamente la oscura sospecha, cuyo aguijón lo empuja a actos que lo atormentan. El espíritu de fineza elegante y culta del personaje Swann comienza su irreversible degradación. El tormento de la sospecha lo lleva a espiar a su amante Se incrusta en su espíritu el aguijón de una curiosidad malsana por las menores acciones, reacciones, gestos de su amada; curiosidad que él mismo disfraza como un noble deseo por conocer la verdad acerca de ella. Así se desliza en su espíritu una creciente simulación, complejos procesos de autoengaño, abriendo en su espíritu una duplicidad encubierta. Ese deseo de verdad llega a convertirse en una voluptuosidad pasional. Este estado de celos incipientes lo llevan a simular no sólo ante sí mismo, sino ante su amada, a quien le muestra una suerte de indiferencia, con la cual encubre su turbación. La intensificación de es esas vivencias, prisiones del espíritu, se declaran en dolor físico, pero el amante refina su autoengaño pensando que nada tiene que ver ese dolor físico con su espíritu. Así van creciendo indómitos, avasalladores, los celos, como “la sombra de su amor” y así la sonrisa, la ternura, los recuerdos voluptuosos, los menores recuerdos transforman en suplicio su relación de placer. Ese suplicio crece se vuelve más cruel desde el momento que interceptó una mirada de su amada a otro. Su espíritu se retuerce completamente invadido y aprisionado en sus propias redes. La imaginación patológica inocula el espíritu con una profusa diversidad de imágenes insanas. La imaginación enferma teje un imaginario convertido en la propia cárcel del amante torturado. El amante se transforma en un ser ansioso, irritado, temeroso, inseguro, intentando descubrir una verdad que lo atormenta. Busca afanosamente detalles para verificar sus sospechas, así esta maleza cubre todo su espíritu y lo envenena. Busca descubrir su amada mintiéndole, así imagina trampas, que sólo hacen intensificar esa tristeza mórbida. Aquella curiosidad dolorosa se convierte así en una verdadera enfermedad que ocupa toda su vida. 29 Sin entrar en las finas tramas del deseo, sólo observamos, en una metáfora generalizada y precisa, aplicable a los consumistas en cuanto “se consumen en las llamas del deseo”. Se desea la imagen de algo o alguien que no se posee. 30 La imagen incipiente va proliferando, se multiplica en otras imágenes, invasoras de la subjetividad, cada vez más intensas y dominantes. Ese impulso exacerbado nacido de la imagen de una carencia, se convierte fácilmente en voracidad. La desesperación ante la permanente insatisfacción, va creando inexorablemente imaginarios complejos que se convierten en otras tantas prisiones del espíritu. La satisfacción momentánea genera una nueva carencia, una nueva necesidad, montada nuevamente en imágenes perceptuales y mnémicas que provocan el nacimiento de la fantasía, correlato del deseo. 31 Lacan insiste en que el deseo no surge de la necesidad de un objeto real, sino que nace de la fantasía del sujeto. De este modo el deseo establece una suerte de bulimia nacida de las fantasías segregadas por una imaginación mórbida.

Las dificultades económicas para consagrarse al consumismo total, y desenfrenado, despierta oscuros resentimientos, envidias, odios, etc. Resentimientos, envidias, odios ante las imágenes subjetivas del otro. Se odia, se envidia, se resiente la imagen del otro como el que tiene más, el poderoso, el exitoso. El otro tiene, puede, acumula posesiones, por eso es envidiado, odiado, surge entonces la imagen de la felicidad del otro, en contraste con la imagen de desdicha, desgracia, infelicidad con que el individuo se ve a sí mismo. Ese juego de imágenes, correspondan o no a la realidad, genera un resentimiento corrosivo. La envidia y el odio no pueden sino consumir al individuo en la amargura, que lo lleva a convertir sus actos en lo que Kant llama: “la insociablesociabilidad”. El malestar de la cultura descrito por Freud se ha convertido en declaradas enfermedades de la cultura de la actualidad. En suma, la práctica del verbo consumir genera todo tipo de relaciones humanas de dependencia. El consumismo genera sometimiento. Es un tipo de adicción. Genera tipos humanos contraídos en sus sufrimientos, genera seres encerrados en sus frustraciones. Volvemos al epígrafe: se trata de seres envueltos en sus propias redes. Los imaginarios del consumismo crean seres sonámbulos en su infelicidad. Ellas son algunas de las cárceles de los imaginarios contemporáneos. ¿No es esto dejar transcurrir la vida entre los muros de una prisión? ¿No describe esta realidad algunas de las cárceles en que se pierde la vida en la actualidad?

Puertas de salida Aún las más tétricas de las cárceles tienen puertas para salir; los venenos se combaten con sus antídotos. El veneno de la apropiación, la posesión, la acumulación, el perderse entre cosas, se neutraliza con el desprenderse, la desposesión, el despojarse, el auto afirmarse entre lo mínimo. La enajenación del tener, se cura con la difícil autenticidad de ser. Las tormentas de la emoción desordenada, se diluyen en la serena ecuanimidad del ánimo. El sometimiento de la pasión se transmuta en la autonomía de la acción. Vivir en sentido pleno es acción, es actuar con el timón de la independencia. La antropofagia del deseo se desvanece en el dejar ser al otro, respetar el ser del otro. Aceptarlo como es y aprender de sus diferencias.

Las esquizofrenias mezquinas de los resentimientos, las envidias y los odios exigen un profundo y lento esfuerzo de transmutación, de metamorfosis: no re-sentir al otro, sino aprender la compasión, el ponerse en el lugar del otro; no querer lo que el otro tiene, sino querer lo que uno tiene; no odiar desde la cerrazón, la incomprensión, el egoísmo y la ignorancia, sino aprender a vivir la alegría de la generosidad, de volverse capaz de amar. Estas son las puertas para salir de la prisión. De pie en el umbral, tenemos ante los ojos múltiples caminos a transitar. La elección del camino es un compromiso radical con la vida. Séneca, el cordobés, históricamente erguido en un gran umbral de la humanidad: entre el antes de Cristo, después de Cristo (4 a.C y 65 d.C), sabe de umbrales y salidas; y su palabra nos atañe. Todos los hombres… quieren vivir felices; pero al ir a descubrir lo que hace feliz la vida, van a tientas; y no es fácil conseguir la felicidad en la vida, ya que se aleja uno tanto más de ella, cuanto más afanosamente la busque, si ha errado el camino; si éste le lleva en sentido contrario, la misma velocidad aumenta la distancia. … Mientras erremos de acá para allá sin seguir a otro guía que los rumores y los clamores discordantes que nos llaman hacia distintos lugares, se consumirá entre errores nuestra corta vida…… Y ciertamente nada nos envuelve en mayores males que acomodarnos al rumor, persuadidos de que lo mejor es lo admitido por el asentimiento de muchos, tener por buenos los ejemplos numerosos y no vivir racionalmente, sino por imitación. 32 El gran anhelo humano es la felicidad, pero rara vez las conductas y las ideas conducen hacia ella, sino que nos hunden en todo tipo de desdichas y sufrimientos, vaya la especie racional! El primer paso es encontrar el camino. Este pasaje de Séneca en el siglo I d.C, encuentra fórmulas idénticas en Francis Bacon, en su Novum Organon de 1620, y algo posteriormente en René Descartes, en su Discurso del Método de 1637. 33 El camino no es el del perderse a sí mismo en la exterioridad, seguir modas, rumores y consensos, el desenvolvimiento enajenante. En nuestra época los dictados de la sociedad de consumo, el consumismo, y sus débiles criaturas: los consumistas. El camino es el envolvimiento auto-afirmante, el con-centrarse, avivar la luz de esa “chispa” del entendimiento, (expresión de Meister Eckhart), hoy en día en peligro de extinción. La recién nacida filosofía griega de Occidente bebe en la primigenia sabiduría de Oriente en Persia, Egipto e India. Para la filosofía occidental el camino es tan viejo como las búsquedas de Heráclito y los presocráticos, los Sofistas, Sócrates, Platón, neoplatónicos, toda la diversidad de las corrientes Cristianas, los místicos de oriente y occidente, el Renacimiento, la Modernidad con Bacon y Descartes, con la Revolución copernicana de Kant en su filosofía crítica, los idealismos alemanes, los romanticismos, y las algunas filosofías posteriores etc. Entretejida con esta magna historia, la relegada sabiduría de la Alquimia también enseña el “camino real” de la transmutación del espíritu, como el primer paso ineludible para poder aspirar a dirigir transmutaciones de sustancias, más allá del “sujeto” del arte, del artista. Menuda tradición olvidan las sociedades de consumo actuales.

Del arte y la estética Embadurnados y demorados nuestros pies en el pegajoso bituminoso de las sociedades contemporáneas, la marcha liberadora es lenta y difícil. A estas alturas de la historia, no vamos a considerar, en este contexto, lo que se nos presenta en nuestro siglo XXI como arte, en particular algunas de las propuestas que se auto-declaran pomposamente arte, porque el asunto se convierte en una discusión estéril. La batalla argumentativa de qué es arte y qué no lo es, es la versión contemporánea desgastada, de las castrantes discusiones de la escolástica tardía ya en su proceso de descomposición, sobre cuántos ángeles caben en la punta de un alfiler, y otras similares. En la actualidad con nuestro hábitat, el mundo, en vías de destrucción (¿irreversible?), y nuestra especie (dudo mucho que “racional” en algún momento de su historia), nuestra especie en riesgo de extinción, no hay tiempo que perder. Desde los comienzos, los problemas filosóficos nunca se solucionan, sino que se abandonan. Propongo abandonar éste, pues no conduce a ninguna parte fuera de sí, no indica un camino, carece de viabilidad. 34 Sin embargo en unas sociedades, más enfermas que sanas; con unos individuos más muertos que vivos, creo que hay aún una vía que, aunque aletargada, abandonada, menospreciada, da todavía signos vitales, a atender urgente. Es la vía regia de las relaciones estéticas, de la conmoción estética ante uno mismo, ante el otro, ante el cosmos, las relaciones estéticas no están extinguidas, sino lejos de ello, la estética es el ámbito en el que la humanidad puede revivir.

En general sostengo que el trauma originario de la humanidad es el trauma estético. En este sentido afirmo con Gaston Bachelard: “El mundo es bello antes de ser verdadero. El mundo es admirado antes de ser verificado”. 35

Hacia una estética de la libertad La primera condición necesaria es la de instalarnos en un ser-para-la-vida (invirtiendo la tan célebre como desafortunada sentencia de Heidegger) Recordar el furioso “sí a la vida” de Nietzsche, el firme y esencial conato de Spinoza, el persistir en su ser de cada cosa, el amor a lo creado de las religiones vitales. Y esto por hacer referencia sólo a una corta historia. Esta condición es el fundamento determinante para el criterio de valor estético, de relaciones estéticas como tales. ¿Cómo entender las relaciones estéticas? Las relaciones estéticas se establecen ante la imagen de un objeto x cualquiera: presente o ausente; presente, pasado o futuro; real, posible, utópico; singular, general o cósmico, natural o social, mínimo en su pequeñez o máximo en su dimensión, con los colores, texturas, formas, y características más diversas imaginables; son aquellas relaciones cuyas diferencias específicas son: 1. Surgen de un movimiento centrípeto, de determinación de la subjetividad por la imagen del objeto x. 2. El impacto de la imagen en la subjetividad produce una resonancia y repercusión de goce, placer. 36 La relación estética de placer, deja libre el objeto, se establezca o no contacto con él, no es una relación de determinación, de conocimiento, de apropiación, de posesión. Si el goce surge ante la muerte, el odio, el asesinato, la destrucción, el terror, el horror y todo lo que atente contra la dignidad inherente a la vida, entonces se trata de son relaciones enfermas, patológicas, nocivas en su destrucción. Los placeres necrófilos con sus variantes son el pan nuestro de cada día. Aquellos con que nos adoctrina la sociedad de consumo. Atención, nuestra especie está en agudo proceso de descomposición.

¿Qué entender por la propuesta de una estética de la libertad? Primera propuesta En el mundo de hoy, regido por el vértigo de la velocidad aparecen sus correspondientes estéticas; entre otras el futurismo de Marinetti, en los comienzos del siglo XX; la estética de la velocidad de Virilio hacia finales del XX y las estéticas que surgen de la casi lograda anulación del tiempo por la velocidad, convirtiéndolo instantes, determinan sus estéticas concomitantes. La instantaneidad de las comunicaciones, simultáneas, sin mediación de tiempo, logro impresionante de los medios virtuales genera diversas estéticas de la realidad virtual, de lo efímero, lo fugaz. Importante dimensión estética de lo humano antes desconocida, bienvenida sea, siempre que su supremacía absoluta no conduzca a la valoración exclusiva de lo nuevo, en desmedro de las tradiciones y las culturas propias de los pueblos. De estos pseudo valores: sólo vale lo nuevo, a la abolición de la tradición, al snobismo del consumismo declarado no hay más que un paso. Claro que no es sano tragar en instantes, sin masticar, y qué placer estético profundo despierta el demorarse en los sabores, olores, formas, texturas de una comida realizada por un artista. 37 Claro que lanzarse el vino al esófago, como el vaquero del cine hollywoodense, sin demorar el vino en la mirada, el aroma, las zonas expertas de la lengua, el paladar, la boca, el paso por la garganta, y el aromático sabor impregnado, que queda después, es un atentado contra la estética. Planteo filosóficamente la urgencia del renacer de una nueva estética de la lentitud, del demorarse en medio del torbellino de las fugacidades, de lo efímero. Ella es un paso hacia la libertad. Propongo un modelo primordial para salir sano, de la prisión consumista, para quitarse las redes y las mortajas, un modelo ético-estético para la humanidad es el que nos presenta ese ente humilde e irracional llamado: piedra.

Las piedras son la calma del mundo Dirigir nuestra mirada a las piedras cualesquiera, nos da una voz de alerta, ellas nos invitan a reinaugurar, con el siglo XXI las antiguas estéticas de la lentitud, la serenidad, la quietud. Las relaciones estéticas profundas exigen el demorarse, el goce nacido de un instante de suspenso. Y precisamente las piedras, “estos pacientes habitantes del planeta son presencias de la equidad y de la justicia, pues ellas no se oprimen, sojuzgan, maltratan o devoran”. Son un modelo para comprender la libertad humana. ….. Cada piedra y su modelo el diamante en la belleza de su perfección, muestran un ser centrado en sí, en la lentitud de su “impasibilidad” y en la lentitud de su “impenetrabilidad”. Ellas son la concreción material del ideal del sabio; porque transmiten la imagen de la perfecta serenidad en la lentitud de su “inmutable” dureza. El sabio, más allá de toda vicisitud y contingencia, permanece paciente, ecuánime, libre. El sabio-diamante es el modelo para la perfección humana. Y ni siquiera es necesario un diamante. Cada guijarro insignificante, en su pluralidad infinita es una muestra del respeto al otro en su mismidad y su diferencia, un modelo para una estética hacia la libertad. 38

Segunda propuesta Sobre esta base literalmente sólida, porque es la roca del mundo mismo, erguida en él nuestra especie, como un pedazo de cosmos, tendrá que reaprender el camino, tendrá que transitar las etapas de una vía estética iniciática, de metamorfosis, de transmutación radical: de la apropiación, en comunión; del tener, en ser; de la pasión, en acción, hasta alcanzar la acción contemplativa; de la emoción, en ecuanimidad; del deseo, la envidia, el resentimiento y el odio a la serenidad. Resumimos todo en una nociónvivencia ético-estética fundamental: el goce pleno de la armonía con uno mismo, con el otro, con la naturaleza, con el cosmos, con la vida. En lo que sigue y para concluir, señalo sucintamente algunas de las estaciones fundamentales en la vía alquímica de la metamorfosis del espíritu desde una vida vivida en clave estética y guiada por la luz de la belleza.

De la belleza Las nociones de belleza pueden variar hasta el infinito, y el espectro de sus modificaciones puede ser inabarcable. Umberto Eco en su recorrido magistral por la Historia de la Belleza último dedica el último capítulo a la belleza de los media en general, y en particular, la belleza del consumo. 39 Pero precisamente sus más desconcertantes relativismos históricos, sociales, culturales, generales, particulares y singulares, muestran que, en su más infinita diversidad, los encuentros con la belleza no han tenido tregua, ni huecos, ni olvido, ni silencios. Ello testimonia precisamente lo que considero la permanencia, la universalidad, la necesidad de la belleza. Recordemos una vez más la premisa de esta comunicación. La belleza es inherente a lo humano. 40 ¿Qué entendemos aquí por belleza?

Por belleza significamos la vivencia gozosa de diversos imaginarios, entendidos como constelaciones de imágenes de cualquier tipo, imágenes que fungen como el montaje en que se presentan a la subjetividad seres, cosas, fenómenos de la naturaleza, del cosmos, singulares, particulares y diversos. Si la belleza alcanzara su máximo en cada individuo, entonces teñiría la subjetividad del individuo, se trataría de una vida guiada por la belleza, y sumergida en ella. De tal manera se trataría de una vida plena y digna, humana, en la armonía consigo mismo, con el otro, con la naturaleza, con el cosmos: belleza inmanente. La belleza inmanente se recorta sobre el misterio de la belleza trascendente que le otorga respaldo y sentido. En última instancia, la belleza es el misterio volcado en formas. 41

Las metamorfosis por la belleza Hoy es el primer día del resto de mi vida. Proverbio. La tremenda profundidad de la belleza, requiere una larga y lenta asimilación. Recorrer esta vía exige de una auténtica paideia. La belleza ofrece un largo camino iniciático hacia la salud. La belleza es medicina contra el dolor. Punto de partida Se trata de un consumista perdido de sí mismo y del mundo. Un habitante de la violencia, el horror, el sometimiento y la dependencia. Su vida transcurre en el marco de imaginarios hacia la muerte. Metafóricamente, es un mundo de tinieblas y oscuridad. Es como si estuviera hundido todavía en el presente, en el lejano caos imaginario primigenio. La primera medida de salud es una buena dosis de desapego. Primera estación Es preciso comenzar por una norma de higiene: la “catarsis” de la Poética de Aristóteles. La humanidad se merece una purificación de los imaginarios de horror y muerte. En este primer momento, la belleza se insinúa como el gozo de lo dado, el situarse en concordancia con uno mismo hurgando allí la belleza escondida, y en sintonía con el cosmos. Esta noción incipiente de belleza manifiesta la que llamo belleza operante. Ella disuelve los “grumos” de los complejos, distiende los “nudos” de la tristeza, lima las “asperezas” de las frustraciones; pone distancia ante sometimientos y dependencias. La belleza es un disolvente universal.

Segunda estación La inercia del consumismo, provoca la apatía y anestesia de un “dejar pasar la vida”, “pasar el tiempo”. Ante ello, se trata de erguirse desde los imaginarios lúgubres, de la vida gris, anonadada. Ella indica una manera dichosa, feliz, de ponerse de pie en la vida. En este sentido, la belleza despierta la sensibilidad, la memoria, la conciencia, la subjetividad imaginante. El despertar a la belleza es un despertar a la salud. La belleza es un bálsamo universal. La belleza cura. Tercera estación Llegados a este punto se necesita dar un giro radical. Es el camino hacia la propia intimidad, allí el socrático “conócete a ti mismo”, imperativo de valentía y autenticidad éticas, en nuestro contexto estético presenta una exigencia más. Propongo pensar el “conócete a ti mismo” además, con alcances estéticos; en la medida que lo estético es un registro de lo humano. Entonces, “conócete a ti mismo” como ser estético, ausculta tu dormida capacidad de goce estético, procura despertar a la belleza, emprende un camino hacia una vida plena. 42 En un primer alarde de acto voluntario, es posible aún encadenado, imaginarse libre, inmerso en una belleza naciente, en una incipiente simpatía con todo aquello que es ser-para-la-vida… Entonces se hace necesaria una decisión en la que se elige voluntariamente como destino una anticipación imaginaria. Es una apuesta a una vida posible. Es el anticipo imaginario de una vida de serenidad, calma, goce. Es la irrupción de la voluntad de belleza. Cuarta estación Novalis afirma: es el acto humano por excelencia de trascenderse, de saltar por sobre sí mismo, hacia más allá de sí, es la génesis de la vida. Humano es aquel a quien le es constitutivo ese saltar eterno a lo trascendente, hacia más allá de sí y hacia más allá de lo dado, en el acicate de la infinita curiosidad de su niñez eterna, por asomarse al abismo “interior” y hacia el abismo más allá de lo dado; esto es, al misterio”. 43 De esta manera la belleza inmanente aprehensible, es propulsada hacia la trascendencia, espacios místicos posibles, en que la vivencia de lo invisible se hace visible bajo la forma de bellezas visibles, inmanentes. Quinta estación La construcción de uno mismo, el edificar-se desde su elección imaginaria, desde el imaginario de belleza anticipada. Belleza anticipada que designa un nuevo mundo posible para nuestra vida. Este proceso señala otra metamorfosis vital. En este punto, parafraseo el título del anónimo del siglo

IX, es preciso cuidar “el jardín simbólico”, aprender a sembrar y cuidar el jardín del espíritu. Entonces, hay que empezar por arrancar la maleza, sembrar, regar, atender, cuidar, y sólo hasta el final: recoger. Nace así la belleza como trabajo de cultivar la intimidad. Es sí un trabajo de vida, que trae consigo un don: la recuperación de la autonomía. Iniciamos así la vía bella en el ejercicio cotidiano del goce de la libertad. Así, quizás un día despertemos sintiendo la vida teñida de belleza.

16 Dra. uruguaya en Filosofía por la Universidad de Paris 8 + Dra en Filosofía por la UNAM. Posdoctorado en la Universidad de Paris,8, Investigación en la U de Bourgogne, posgrado en la Universidad de Heidelberg. Premios: Norman Swerdlin UNAM. Medalla Gabino Barreda UNAM. Dama de las Hespérides, España. Profesora e Investigadora full time del Posgrado y Licenciatura en Filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México. Incluida como filósofa latinoamericana en el Biographical Dictionnary of Philosophy XX, London and New York.
17 M.N.Lapoujade, De la perversión a la violencia natural, 2006, Revista de Filosofía, No.54, Universidad del Zulia, Venezuela, pp. 39-64. 18 Kenneth Cragg, La sabiduría de los sufies, 1985, Ediciones Lidiun, Buenos Aires, X, p.30.
19 Paul Chauchard, La realización corporal de la persona en T. Deshimaru y P.Chauchard. El Zen y el cerebro, 2001, Editorial Kairós, Barcelona, p.146.
20 María Noel Lapoujade, Mito e imaginación a partir de la poética de Gaston Bachelard, 2007, Revista de Filosofía, Centro de Estudios filosóficos, No. 57, Universidad del Zulia, Maracaibo, pp. 91-111. 21 Idem. p.94.
22 Cfr. Premisa. –
23 En español manejamos dos verbos muy próximos, que es preciso no confundir. El verbo consumar, (del latín consummâre) con los significados de adicionar, calcular, acabar perfeccionar.
24 Marcel Proust, A la recherche du temps perdu, 1999, Gallimard, Quarto, Paris.
25 Guy Debord, La société du Spectacle, 1992, Gallimard, Folio-essais, Paris.
26 Jean Baudrillard, L’autre par lui-même, 1987, Editions Galilée, Paris.
27 Jean-Jacques Wunenburger, L’homme à l’âge de la télévision, 2000, Presses Universitaires de France, Paris.
28 Marcel Proust, Un amour de Swann en A la recherche du temps perdu, Deuxième
partie, 1999, Quarto Gallimard, Paris, p 194.
29 Marcel Proust, íd., p. 222 y sigs.
30 J.Laplance-J.B. Pontalis, Diccionario de psicoanálisis, 1983, Editorial Labor,
Barcelona, Deseo, pp.96-97.
31 Idem.
32 Lucio Anneo Séneca, Sobre la felicidad, 2002, Alianza Editorial, Madrid, 1, pp.41-
43.
33 María Noel Lapoujade, Bacon y Descartes. De la coincidencia de los opuestos,
2002, Facultad de Filosofía y Letras, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla,
II, pp. 129-167.
34 María Noel Lapoujade, La imaginación estética en la mirada de Vermeer, 2007,
Herder, México, pp.75-80.
35 Desarrollo del tema en: MNLapoujade, Mito e imaginación a partir de la poética
de Gaston Bachelard, 2007, Revista de Filosofía, No. 57, Centro de Estudios
filosóficos, Universidad del Zulia, Venezuela, pp.91-111.
De allí tomo la cita de Gaston Bachelard, que extraje de El aire y los sueños.
Referencias en el artículo.
36 M.N.Lapoujade, Kant-Proust: une rencontre esthétique en Kant et la France, Kant
und Frankreich, sous la direction de Jean Ferrari, Margit Ruffing, Robert Theis,
Matthias Vollet, colección “Europea Memoria” en Georg Olms-Verlag, Alemania,
2005. pp. 157-167.
37 Cfr. Italo Calvino, Bajo el sol jaguar. Roland Barthes, L’empire des signes, L’obvie et l’obtus, en M.N.Lapoujade, La imaginación estética en la mirada de Vermeer, 2007, Herder, México.
38 María Noel Lapoujade, Lo imaginario y las piedras en M.N.Lapoujade (Compiladora), Imagen, signo y
símbolo, 2000, Facultad de Filosofía y Letras, Benemérita Universidad autónoma de Puebla, pp. 95-114.
39 Umberto Eco, Historia de la Belleza, 2006, Editorial Lumen, Barcelona. Cap. XVII,
pp. 413-429.
40 Final del viaje, 2007, Boletín de abril del Centro de Estudios Filosóficos del
Uruguay.
41 M.N.Lapoujade, Filosofía como despertar a la belleza, 2007, Revista Logos,
Revista de Filosofía de la Universidad La Salle, número 105 septiembre-diciembre,
México, pp. 89-96.
42 Evoco la obra antes citada de Séneca, De la vida feliz.
43 El análisis detenido en M.M.Lapoujade, La imaginación estética en la mirada de
Vermeer, 2007, Herder, p.79.

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