LA FILOSOFÍA Y LAS CIENCIAS EN EL SIGLO XXI Un nuevo contrato epistemológico (por Alicia Poderti)

Atravesamos una época en la que la industria y la técnica son las actividades humanas dominantes. Estas prácticas generan la aparición de un tipo de profesional “experto” que tiende a convertirse en el más útil para el sistema económico dominante. Así, el hiperespecialista, es el profesional que posee un gran dominio de un sector muy reducido del conocimiento (científico, técnico o artístico). Esta situación deriva en una atomización del conocimiento y una imposibilidad de los profesionales para comprender problemáticas distintas a las de su interés individual.

Una de las consecuencias negativas de la disgregación del saber es la conformación de lenguajes especializados. Por ello, en la primera mitad del presente siglo el llamado fisicalismo pretendió, bajo el liderazgo del famoso filósofo Carnap, dar unidad a la ciencia tratando de construir un lenguaje científico universal mediante la publicación de su Enciclopedia Internacional de la Ciencia Unificada, experiencia que resultó fallida.

Los antiguos sabios griegos y, más tarde los enciclopedistas de la Revolución Iluminista del siglo XVIII, consideraron a la Filosofía como “ciencia de las ciencias”. Luego, algunos movimientos buscaron la unificación del saber o lo que hubiera de común entre las ciencias. A comienzos de la Edad Moderna se pretendió lograr tal objetivo sosteniendo que las ciencias matemáticas debían ser el vínculo entre todas las disciplinas, basándose en un criterio de “cientificidad” regido exclusivamente por las leyes de las ciencias exactas. Destacados representantes de esta tendencia fueron personalidades como Galileo Galilei (1564-1648), Inmamuel Kant (1724-1824) y Augusto Comte (1798-1857).

Recientemente se ha pretendido encontrar el elemento unificador de las ciencias en el método, como Karl Popper. Sin embargo, la imposibilidad de comunicación entre científicos debería conducir a la búsqueda de estrategias para comprender mejor el mundo y lograr la unidad de la cultura –es decir, de la ciencia, la tecnología, el arte y la educación–, así como también su vinculación con otros sectores de la sociedad (la economía, la política, el medio ambiente, etc.) y a la aprehensión de estrategias válidas para lograr la formación de profesionales distintos: seres humanos capaces de combinar habilidades generales y metodológicas sobre una disciplina con el saber actualizado, de fronteras y con visión contextualizada del mundo, la sociedad y la ciencia. Estos seres deberán ser conscientes de laimposibilidad de resolver problemas sociales mediante visiones parciales o unidisciplinarias (Cfr. Morles, 1999).

Hacia un nuevo contrato epistemológico: la transdisciplinariedad A través del tiempo aparecieron metodologías, enfoques o filosofías que, con diferentes grados de generalidad, trataron de aportar nuevos instrumentos para comprender la realidad. Propuestas globales como el estructuralismo, el existencialismo, el pragmatismo, el neoliberalismo, la religiosidad (fundamentalista, oriental o revisionista) y el posmodernismo; o aportes de menor alcance como el análisis de sistemas, la multidisciplinariedad y la interdisciplinariedad, y más recientemente, el pensamiento complejo, el holismo y la transdisciplinariedad.

El enfoque de la transdisciplinariedad es producto de un proceso evolutivo que se inicia a principios del siglo XX y está dirigido a tratar de superar la visión focalizada o disciplinaria en el estudio de problemas humanos complejos. El proceso comienza con la consideración de que dichos asuntos no pueden resolverse adecuadamente con una visión focalizada o reduccionista de los mismos sino que requieren de otras perspectivas. Así aparece la “multidisciplinariedad” que propone que en la solución de cualquier problema social deben participar profesionales de distintas disciplinas. Posteriormente surge la protesta justa contra el “saber en píldoras” que produce el sistema educativo dominante (Palmade, 1979) y la comprensión de que con mayor frecuencia surgen problemas que no corresponden a disciplinas establecidas, y que se sitúan más bien en las fronteras de algunas de ellas. Aparece así el enfoque de la “interdisciplinariedad”, el cual ha tenido en las últimas décadas cierta influencia en los campos de la investigación científica y de la educación. El abordaje de la “transdisplinariedad”, se propone como “actitud que atraviesa y trasciende” las disciplinas; y el Holismo, como la “nueva visión y abordaje de lo real” (Weil, 1995).

La transdisciplina, como otros enfoques que trascienden las visiones funcionalistas y atomizadas de la realidad, enfatiza aspectos que pueden ayudar al logro de una visión integradora del hombre, la sociedad y la naturaleza. La transdisciplinariedad es valiosa por su énfasis en el rigor, la apertura y la tolerancia. “’Rigor’ en la argumentación, tomando en cuenta toda la información disponible como la mejor barrera contra toda posible distorsión. ‘Apertura’, que implica aceptación de lo desconocido, lo inesperado y lo impredecible. Y ‘tolerancia’ significa un reconocimiento al derecho a existir que tienen las ideas y verdades opuestas a las nuestras” (Declaración Transdisciplinaria, 1994).

Perspectiva

Como ha expresado Morles (1999), la especialización es un hecho contradictorio. Ella ha permitido al sector económico -sobre todo en las sociedades capitalistas- el logro de una mayor eficiencia y productividad (científica, técnica e industrial); y en el campo profesional es indudable que la delimitación cada vez más precisa de los campos de estudio, ha conducido a la creación lenguajes más específicos y al dominio de los contenidos y técnicas de sectores altamente complejos y especializados. Pero, lamentablemente, este proceso está gestando resultados no esperados, como la desproporcionada prioridad dada a las ciencias y tecnologías físicas sobre el estudio de los problemas sociales. Así, tanto en el campo de la educación como en el laboral y el de la ciencia, se pueden identificar dos movimientos opuestos bien definidos:

– la visión o tendencia economicista o reduccionista, de origen neoliberal y carácter materialista, según la cual, la única manera de lograr el progreso humano, de modernizar la sociedad, de aumentar la producción y la productividad, es formando trabajadores (manuales e intelectuales) que sean cada vez más especializados y competitivos;

-la visión humanista, que concibe a todo ser humano como ente polivalente, con capacidades múltiples y reconvertible. Los problemas complejos, particularmente losrelacionados con ciencia y tecnología, deben enfocarse desde perspectivas múltiples, esto es: inter, multi y transdisciplinariamente, pero también sistémica, holística y dialécticamente.

La Declaración aprobada en el Primer Congreso Mundial sobre esta materia, realizado en Portugal en 1994, presenta este enfoque como una actitud de mente abierta mediante la cual se atraviesan y trascienden las diferentes disciplinas, más precisamente como “una nueva visión de la naturaleza y la sociedad” (Cfr. Anexos).

Como expresa Víctor Morles, los problemas actuales no pueden resolverse mediante visiones parciales o unidisciplinarias. En un mundo cada vez más complejizado, se requieren profesionales “de perfil amplio” que dominen el conocimiento de fronteras. Esto equivale a poseer la capacidad de resolver problemas complejos y transdisciplinarios: comunicarse fluidamente con profesionales de otras áreas y niveles; dirigir y trabajar con equipos multidisciplinarios; aprender constantemente; cambiar de ocupación si es necesario; comprender nuevos lenguajes e involucrarse activamente en la resolución de los problemas de su sociedad.

La falta de comunicación entre profesionales de distintas ramas está guiando hacia la búsqueda de estrategias para comprender mejor el mundo y lograr la unidad de la cultura. Así, la ciencia, la tecnología, el arte y la educación se vinculan entre sí y también con otros sectores de la sociedad (la economía, la política, el medio ambiente, etc.), posibilitando la aprehensión de estrategias válidas para lograr la formación de profesionales distintos
Según Basarab Nicolescu, uno de los padres de la “transdisciplina”, ese proceso de babelización puede traer como consecuencia que los dirigentes se vuelvan cada vez más incompetentes. Un dirigente que no sea individualista y tenga intereses verdaderamente colectivos es aquel capaz de tener en cuenta todos los elementos del problema que examina. Así, los desafíos más importantes de nuestra época requieren capacidades amplias.

En la era del gran “bang” disciplinar y de la especialización exagerada es posible concebir una supercomputadora programada con los conocimientos de todas las disciplinas. Pero esa supercomputadora podría saber todo y no entender nada. Quien utilizara dicha máquina sólo tendría acceso instantáneo a resultados investigativos heterogéneos y no sería capaz de comprender sus significados ni los lazos de unión entre las diferentes disciplinas.

La necesidad indispensable de entrelazar las disciplinas se manifiesta en el surgimiento, hacia el final del siglo veinte, de la transdisciplinariedad.

Así, la transdisciplina se convierte en un novedoso enfoque metodológico de indudable utilidad para el estudio de problemas complejos de carácter social, científico, técnico y pedagógico.

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1 comentario

  1. javier vaca

     /  26 marzo, 2011

    el problema de la educacion y la sociedad en su conjunto es de caracter multifactorial, donde la filosofia de la complejidad de lo holistico y dialectico nos parece tan necesario para nuestras indagacioces .
    realmente me es muy interesante este articulo sobre este tema del caos cobre lo holistico,

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