La importancia de la educacion estetica en la formacion de la persona (Marcelo Falcon Vignoli 67)

La educación artística, sensible, espiritual, podría entenderse perfectamente como un eco que despierta la naturaleza de las personas, de los colectivos, de la humanidad, de las posibles humanidades germinales cotidianamente. Persona que sería posible entender, vivenciar como un fruto especialísimo, elector y efectivo, ofrecido por la naturaleza, que estaría siempre ahí dentro de nosotros. Riqueza que afloraría como una fuerza que sería capaz de irrigarse y de mantenerse bella a pesar de todos los condicionamientos externos, como si estos no afectaran íntimamente tal sustancia germinal. Nos situamos pues, ante la presencia enigmática de una realidad dinámica inteligente y afectiva, que puede auto-potenciarse a través de todas las experiencias formativas creadas con tal finalidad. Desde tal mirada, todo movimiento personal podría comprenderse como un desplazamiento trascendentemente inmanente, como una revuelta interna, como una revolución cotidiana de lo invisible personal. Tal escenario, expresaría que sería posible una auto-re-creación ordinaria de los dinamismos personales que se extenderían indudablemente a lo colectivo. Sería así, que todo renacimiento personal y colectivo facilitaría, evidenciaría, una permanente superación de obstáculos con finalidad subsistente, que podría entenderse como una necesaria resiliencia cotidiana. Emplazados en este sentido, sería posible soñar, imaginar, crear y desarrollar, conciente e inconscientemente, experiencias formativas en la cual el aprendizaje se diera rizomáticamente 68 entre todos los que de ellas participen. Por ende, la autoridad en tales encuentros nunca sería de un conocimiento externo, de una persona en particular, de un centro de estudios, de una pedagogía específica o de ciertas políticas educativas; sino que el aprendizaje que generaría una gnosis que gobierna siempre surgiría naturalmente de los encuentros ferméntales.

Evidentemente, las reuniones formativas entre las personas revelarían que el tejido de relaciones que conforman es sencillamente inteligente-afectivo, por ende, capaz de auto-re-inventarse convenientemente en tiempo oportuno. Bajo esta reflexión, sería válido y necesario que los educadores se pregunten verdaderamente con qué autoridad interna 69 creen que enseñan a los demás; cuál es el estadio superior del conocimiento sutilizado que gozan para pensar que educan; desde que fragancia emanada de su ser se dirigen a los demás para que éstos resuenen convenientemente. Cuestiones que si no se formularan cotidianamente, se evidenciaría que la existencia de una educación impositiva, penetrativa, que se manifestaría como un eficiente movimiento pederasta 70, es decir, que solamente proyectaría o inocularía en los otros, las direcciones de lo que cree conveniente según determinados intereses.

Indudablemente inmersos en esta realidad, podría entenderse la necesidad de una emergencia de movimientos saludables que propiciaran una verdadera transformación cotidiana de las potencias humanas, a través de resonancias formativas sensibles. Ecos educativos, impulsados por las inteligencias afectivas capaces de desplegar, de ofrecer, de proponer, de sugerir, experiencias formativas entendidas como un andar juntos 71 , es decir, que podrían generarse situaciones artísticas y poéticas desde lo más íntimo y profundo del ser humano. En tal estadio, la educación no se revelaría como una práctica autoritaria, sino como la experiencia nutritiva de estar ligados lejos de toda imposición inmoral. Es decir, que se asemejaría más a un tránsito de múltiples acompañamientos que iniciarían a todas las personas en la senda de sus vidas ligadas siempre a sí mismas, a los demás y al universo. De este modo, una formación iniciática 72, facilitaría los múltiples despertares personales y colectivos, irrigando siempre desde dentro hacia fuera y jamás a la inversa. Por lo tanto, formar, sería pensar y actuar desde un sentido afectivo que se evidenciaría en la multiplicidad de relaciones sustanciales surgidas entre las personas, nunca de modo egoísta o posesivo. 73 Es decir, que las relaciones formativas se manifestarían como una corriente vibratoria profunda o sinfonía vital absolutamente tonificante de los tránsitos cotidianos, visibles e invisibles, de la humanidad. Donde la emergencia de tal mana nutritivo necesario ordinariamente, dependería fundamentalmente de la sensibilidad, conocimientos, historia de vida, intenciones y estado de alerta de todos los que participen en tales ritmos formativos; flujos que bien podrían entenderse como redes o savias nutritivas, afectivas y efectivas. En tal estadio, se estaría ante una trama æfectiva que brotaría volcánicamente potenciando toda realidad interna de las personas y por ende, sus acciones y efectos. Desde tal perspectiva, se podría descubrir que se es y que se es de un modo conectivo simultáneamente, realidad que atendería toda sinfonía formativa para deslizarse armónicamente. Sería así, que las acciones pedagógicas lograrían acompañar los diferentes procesos, los diversos estadios interiores de las personas siempre ligadas al todo ecosocial, es decir, entretejidas con la vida y la naturaleza. Tal mirada, nos permite comprender la educación artística como una fuerza germinal que inicia a la vida a las personas, del mismo modo que la naturaleza lo hace a través de los sonidos del agua, de los pájaros, los olores, los colores, las texturas, los cambios bruscos y sutiles, entre otras manifestaciones. Realidad a la cual evidentemente se incorporarían las palabras de amor, los tonos de voz, los susurros, canciones y todo lo emergente de las relaciones personales. En tal dimensión del aprendizaje, los sentidos facilitarían experiencias que desarrollan lo que se es y mejora lo que se manifiesta, por ende, darían sentido bello a todos los efectos emergentes. Sería así, que formar desde lo sensible sería generar estadios vivenciales donde sería posible conectarse, re-unirse consigo mismo y con el universo en cada movimiento cotidiano. Por ende, educar podría ser comprendido perfectamente como una fragancia del ser que se emana siempre en la búsqueda del otro ser, en búsqueda del tejido afectivo capaz de reinventarse cotidianamente en libertad desde tal experiencia colectiva. 74

Tal entretejido o unidad de amor vital, daría sentido a toda educación artística que se revelaría indudablemente como una formación trascendental, ya que estaría vinculada a una tendencia subsistente de una humanidad. Movimiento vital, afectivo y bello de las sociedades que no olvidaría jamás su ancianidad, ya que de ella brotaría la savia necesaria para salvarse completamente junto al planeta o nicho natural que habita. Esta realidad nos deja ante un umbral sistémico, que comprendemos como ecoeducación o educación artística sustentada en una solidaridad orgánica o en red. 75 Por lo tanto, vibrando en tal sentido existencial, la educación a través de lo afectivo se nos podría revelar como un rito vital de amor o ritmo formativo cotidiano que permitiría comprender las relaciones e imaginarios personales y colectivos. Potencia formativa siempre enriquecida por un conocimiento solidario que indudablemente dignificaría la naturaleza humana y todos sus actos. Sería así, que emergería un microclima o paréntesis sustancial que facilitaría las cotidianas regeneraciones de las relaciones entre las personas y grupos sociales; donde la formación artística estaría siempre ligada a la cultura visual y a la naturaleza, para lograr ofrecer los efectos vigorizantes necesarios. 76 De este modo, lo sensible siempre adquiriría un valor conectivo que permitiría la puesta en común entre la naturaleza de las personas, la sociedad y el universo, propiciando la existencia de grupos de pertenencia que darían forma y sentido a todos los imaginarios participantes de una real Unidad. En tal dirección, toda imagen se ofrecería como un fragmento significativo 77 que revelaría el mundo en su totalidad, al estar entretejido en él, del mismo modo que podríamos pensar extensivamente que la persona expresaría toda la humanidad ligada a sí misma y al universo. En definitiva, la educación artística despierta la naturaleza de las personas, él Nosotros que conforman, alimentando una cotidiana revolución æfectiva visible e invisible, que es capaz de generar ecos bellos y de reinventar la sociedad, la humanidad. En tal estadio, el único gobierno descubierto ha sido la re-unión rizomática y solidaria de las personas, que evidenciaría una interconectividad fructífera entre ellas y el Universo; donde la educación artística se entretejería como una sinfonía ecológica que potenciaría la fragancia de la persona o ser sistémico.

Notas:
67
Prof. Marcelo Falcón. Universitat de Barcelona, Facultat de Belles Arts, España.
Université Réne Descartes Paris V, PREAS – CeaQ, La Sorbonne, France. Associatión Cultureelle Sousencre, France.
68
Ver Gilles Deleuze, Mil mesetas, Valencia, Pre-textos, 2002. 69
Cuestiones dialogadas con Derna Vignoli Martín, educadora del Ministerio de
Educación y Cultura, Uruguay y Presidente Delegué de la Associatión Culturelle
Sousencre, France.
70
Establece Michel Maffesoli, Revista Revuelta, (2007: 17): “La pregunta que
debemos hacernos es si aquella eficiencia no terminó en la devastación del mundo,
en el saqueo ecológico y en la devastación de los espíritus. Algo que en el fondo se
vuelve demasiado perfecto se invierte en su contrario. Creo que estamos viviendo
el momento de la devastación. Para mi no hay nada extraño en que la pedagogía se
convierta en pedofilia”.
71
Establece Michel Maffesoli. El instante eterno. Barcelona: Paidós (2001: 57):
“Recuerdo con respecto a esto la etimología del término concreto: lo que hace que
“crezcamos juntos” (cum creceré), es decir, un tiempo que da lugar a ser, que
compartimos con otros. Crecimiento que, a imagen de la flora circundante, se eleva
tomando raíz, es decir, necesita del mantillo de esas cosas anodinas que forman la
vida trivial, otra manera de expresar la ética: el lugar que me une a la alteridad, el
otro que es el prójimo, el otro que es el lejano domesticado”. 72
Establece Michel Maffesoli, Revista Revuelta, (2007: 15): “Hay dos maneras de
socializar, dos maneras de ver la vida. Primero, la educación, que consiste en jalar
(educcare), en sacar algo de acá para allá, de lo animal a lo civilizado. La segunda
perspectiva, la iniciación, que volvemos a encontrar en las sociedades tradicionales,
consiste en volver a sacar lo que se supone está ahí”.
73
Jiddu Krishnamurti. Sobre las relaciones. Madrid: Edaf, (2005:14):“La vida no
puede existir sin relación, pero al basarla en el amor personal y posesivo, la hemos
convertido en algo angustioso y horrible. ¿Puede uno amar y, sin embargo, no
poseer? Ustedes encontrarán la verdadera respuesta no en los escapes, en los
ideales y las creencias, sino mediante la comprensión de las causas que llevan a la
dependencia del afán posesivo. Si pudiéramos comprender profundamente este
problema de la relación entre uno mismo y otro, entonces quizá comprenderíamos
y resolveríamos los problemas de nuestra relación con la sociedad, porque la
sociedad no es sino la extensión de nosotros mismos. El medio que llamamos
sociedad ha sido creado por las generaciones pasadas; lo aceptamos, aunque
contribuya a mantener nuestra codicia, nuestro espíritu posesivo, nuestra ilusión.
En esta ilusión no puede haber unidad ni paz. La mera unidad económica producida
mediante la compulsión y la legislación, no puede poner fin a la guerra. Mientras no
comprendamos la relación individual, no podremos tener una sociedad pacífica.
Puesto que nuestro amor se basa en el amor posesiva, tenemos que darnos cuenta,
en nosotros mismos, cómo nace, cómo actúa y cuáles son sus causas. Al percatarnos profundamente del proceso que implica el afán posesivo, con su
violencia, sus temores, sus reacciones, adviene una comprensión que es total,
completa. Sólo mediante esta comprensión el pensamiento se libera de la dependencia y del deseo de poseer. Es dentro de uno mismo que puede encontrarse la armonía en la relación, no en otro ni en el medio que nos rodea”.
74
Establece Michel Maffesoli en Gianni Váttimo y otros. En torno a la posmodernidad. Barcelona : Anthropos, 1994: 108): “El hecho de experimentar en
común suscita un valor, es un sector de creación. El que ésta sea macroscópica o
minúscula, el que se apegue a los modos de vida, a la producción, al entorno,
incluso a la comunicación, no supone ningún cambio. La fuerza colectiva crear una
74 Establece Michel Maffesoli en Gianni Váttimo y otros. En torno a la posmodernidad. Barcelona : Anthropos, 1994: 108): “El hecho de experimentar en común suscita un valor, es un sector de creación. El que ésta sea macroscópica o minúscula, el que se apegue a los modos de vida, a la producción, al entorno, incluso a la comunicación, no supone ningún cambio. La fuerza colectiva crear una obra de arte: la vida social en su conjunto y en sus distintas manifestaciones. Por lo tanto, es a partir de un arte generalizado como puede comprenderse la estética, como facultad de experimentar en común”.
75
Establece Michel Maffesoli en Gianni Váttimo y otros. En torno a la posmodernidad. Barcelona : Anthropos, 1994: 107): “ La solidaridad mecánica, el
instrumentalismo, el proyecto, la racionalidad y la finalidad pertenecen al campo de
lo social. En cambio, la socialidad contempla el desarrollo de la solidaridad orgánica
de la dimensión simbólica (comunicación), de la “no-lógica” (V. Pareto), preocupación del presente”.
76
Cuestiones dialogadas con Apolline Torregrosa Laborie, investigadora del CEAQ,
París Descartes V, La Sorbonne.
77
Establece Michel Maffesoli, Au creux des apparences, Paris, La table ronde, la
petite vermillon (2007: 116): « … fragment est en soi signifiant et contient le
monde en son entier. C’est cela la leçon essentielle de la forme. C’est cela qui fait
de la frivole apparence un élément de choix pour comprendre un ensemble social.
Car ses diverses modulations, par agglomération, par sédimentation, vont, à un
moment donné, déterminer l’ambiance de l’époque».

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