Rumbeando pa´l pueblo (por Dardo Bardier)

En los secos veranos del campo se suele ver la polvareda que levantan los remolinos producidos por las brisas. Durante un momento, partículas de tierra, pequeñas hojas y hasta hormigas juegan juntas en su torbellino propio.

Del polvo suelto, que estaba tranquilo en su tierra, nace una cambiante unidad diferente, inmersa en la polvareda general. Por unos metros es algo concreto que danza en el aire. Su sombra le acompaña. Va barriendo el suelo. Puede golpear recio en la cara. Y cuando el remolino termina, el polvo, las hojas y las hormigas pierden sustento y, aunque tienen su inercia propia, terminan por caer. Muere el remolino y el polvo arremolinado vuelve a ser polvo suelto. Es claro que es un hecho real, por etéreo y efímero que nos parezca, y por poco que nos suele afectar. Los pequeños participantes del remolino de polvo cambian de lugar a gran velocidad, aunque no lo hacen todos
sincronizadamente ni con trayectorias paralelas. Cada uno baila a su manera. Raramente lo hacen respetando alguna coreografía sincronizada, aunque en general, giran por la pista. En detalle, cada uno es llevado por la situación de su micro ambiente, la dirección del aire, su velocidad, su viscosidad, su empuje, todo lo cual es muy cambiante. Pero su accionar también depende de la masa, el volumen, la forma y el frente de ataque que cada grano opone al empuje del remolino. Por ello, cada cual tiene, bien analizado, una trayectoria diferente, aún cuando grosso modo rueden todos alrededor del mismo eje. No hay mayor cohesión entre ellos, ni más causa común que ser polvo que se resiste a moverse y una brisa que los hace ceder y los mueve casi para donde ella quiere. Las interacciones entre los granos no van mucho más allá de las externamente producidas por el hálito circunstancial que el aire les da. Se dejan llevar, resistiendo solamente por lo que son. Es claro que, donde el suelo es de pedregullo, las mismas brisas no alcanzan para levantarlo en remolino. Mucho menos logran roer un suelo de granito. Por ello, los remolinos duran tanto como duran sus circunstancias. El polvo suelto en el suelo y aún unido en el remolino ventoso, no tiene mucha propuesta propia. A lo más, tienen resistencia propia. Y, a menos que hablemos de tornados o huracanes, su efecto no suele ser muy efectivo para nosotros. En primavera es común ver volar un enjambre para cierto lado. Eso no quiere decir que cada abeja que lo integra vaya exactamente para el mismo lado. Cada una hace su itinerario propio, subiendo y bajando dentro de la unidad general, y aún volando brevemente en contra. La última puede terminar primera. Inclusive sus alas suben y bajan a gran velocidad, cosa que no hace el conjunto. Ellas tienen más coherencia y cierta interacción viva que el remolino no tiene. Eso les proporciona una estructura también muy cambiante, pero un poco más solidaria y más duradera que el polvo remolineando. Inclusive pueden armar un formidable ataque a quién les moleste en su camino. No se dejan llevar fácilmente por la brisa, van para acá o para allá por razones un poco más internas, más vitales. Algunas abejas se despegan del pelotón, y van delante, atrás o a los lados, entrando y saliendo del enjambre. El enjambre cambia y la vez continúa. Una bandada de golondrinas es algo un poco más estructurado. Algunas aves tienen, en sus ojos, dos centros de máxima capacidad de discernimiento. Dos fóveas. No como nosotros, que tenemos un solo centro de atención en cada ojo. En ellas, uno es para ir viendo hacia delante y el otro es para ir viendo a su compañera de vuelo. Por ello forman sus características y útiles escuadras en V. Cada cual bate sus alas, diferente que el movimiento general, pero cada cual mantiene su posición relativa respecto a la bandada. De esa manera minimizan sus esfuerzos, se defienden mejor y no disputan por su posición en la bandada. Frecuentemente alguna sale, descansa y regresa al pelotón. Es una organización más estable, más duradera y más eficaz que los enjambres y los remolinos. Es decir, hay unidades más unitarias que otras. Desde luego que es mejor una organización tenuemente estructurada que nada. Desde luego, que los humanos aspiramos a más que remolinos y enjambres, aunque todo camino a algo pasa por los lugares intermedios. Desde luego que es conveniente buscar mejores estructuras de diálogo y cooperación. Pero en cada estadio de situación hay un tipo de organización más conveniente que otro. No siempre la más detallada y firmemente estructura es la más conveniente para un lugar, momento y capacidades de los integrantes. No siempre el camino más netamente definido es el más atinado.

No necesariamente la movida más encuadrada en modo de bloque será la más fructífera para el caso. En nuestra situación actual, quizá el camino correcto no sea entrar en definiciones antes de tiempo. Podríamos ponernos a construir un manifiesto común que orientara de aquí en más nuestras actividades. Para movernos en bloque, lo cual suele ser muy contundente. Pero para hacerlo correctamente deberíamos debatir muy amplia, concentrada y seriamente, una gran diversidad de temas, y además sus intrincadas vinculaciones. Eso nos llevaría tiempo, sería un tanto impredecible, y se hace complicado hacerlo coherente con el hecho de que sigue integrándose gente a la movida y que los que ya se integraron pueden haber entendido una cosa que luego resultaría ser otra. Ese debate de una orientación común es imprescindible, pero luego de que esta movida termine de empezar. Forzar esta plantita recién plantada a definiciones demasiado netas hoy podría resultar negativo. Otro modo de encarar esta situación sería afiliarnos a una línea ya existente, cosa muy común, pero que no sería coherente con filósofos, pues justamente de ellos se esperan nuevas líneas generales y buenas críticas a las existentes. Si las cosas andan bien, el diálogo ya irá definiendo, paso a paso, un poco mejor la orientación en común, que hoy es más intuitiva que expresa. Hoy, más bien se trata de una sensibilidad compartida, una voluntad a grandes rasgos de patear la pelota para el mismo lado. La maduración de las opiniones en común debe hacerse respetando todas las opiniones para que siga siendo opinión en común. Aún así, es muy probable que la maduración sea más o menos despareja, y veremos como sigue la cosa. Somos muy pocos, ante un mundo arrollador, para andarnos dividiendo innecesariamente. Es mejor, pues, concebir esta revista como una plaza de encuentro de un conjunto amplio de pensadores. Así, realmente formaremos algo fuerte y nuevo. Todo esto para comunicarles mi alegría de que aquí se esté formando esta plaza, ágora, ateneo, foro, o red de encuentro de pensadores regionales sobre temas universales y regionales, pues lo considero un gran paso en la dirección correcta. Se está constituyendo la infraestructura para que existan nuevas posibilidades de volcar, y que se dé adecuada difusión y debate, de las iniciativas de personas o grupos que rumbean para el mismo lado. Es una red vial que debe superar a la anterior red de sendas. El modo en que debemos concebir esta movida amplia es como un ámbito de facilitación del encuentro y del diálogo, abierto a nuevas propuestas de gran aliento. El sólo hecho de que sus integrantes estén en unos lugares y no en otros, ya significa algo. El mapa del correo dice mucho. Del mismo modo, el temario también deberá decir mucho. Ojala podamos tratar los más grandes temas de siempre y de hoy. A los organizadores de este nuevo ámbito les espera un arduo trabajo.

Deberán separar, con claridad, sus opiniones sobre los temas filosóficos tratados, de su aporte al ordenamiento del diálogo. Deberán trabajar en la previsión sabia de la sucesión de opciones que un diálogo bien llevado necesita para dignamente superarse. El buen ordenamiento de los temarios evita muchos pleitos y divagues. Temarios en línea y en paralelo. Todos tenemos derecho de poner en el tapete nuestras propuestas sobre los más diversos temas. Pero, además, sería conveniente concentrarnos sobretodo en aquellos temas que pudiesen dar mejor base a la discusión de los demás temas. Es necesario buscar el temario tentativo inicial más capaz de fundar futuros trabajos en común. Si encontrásemos más firmes pivotes quizá podríamos llegar a poner ladrillo sobre ladrillo, sin necesidad de volver a lo mismo a cada rato, cosa que no está mal que haga cada uno, pero de algún modo debemos avanzar como conjunto. Es conveniente ir a los temas más básicos, sin quedarnos empantanados en ellos. Necesitamos imaginar cómo podremos avanzar en el estudio de los temas más genéricamente útiles para el pueblo.

Esto es lo que pediría a este encuentro: Sin abandonar lo inmediato acuciante, grave e hiriente, es clave que no nos in-mediaticemos. No es nuestra tarea aquí, aunque somos humanos con los ojos abiertos y nos duelen muchas heridas. Y no hay quien pare al que siente y responde como puede. Todo tema es bienvenido, toda evolución personal es bienvenida, pero como conjunto debemos concentrarnos en lo que otros no podrían hacer. En mi caso, soy edil local, y evidentemente hago algo de política (como puedo, en un rinconcito del país), en general muy in-mediatizada, resolviendo el arreglo de calles u organizando nuevas obras, corriendo como bombero a apagar pleitos y, a veces, sólo a veces, pudiendo meditar profundamente algo. Los políticos muy raramente pueden profundizar los grandes temas filosóficos. No están para eso. Cuando están en la batalla, no suele quedarles tiempo para leer libros. Más bien, lo usual es que traten de aplicar las supuestas grandes verdades del pensamiento que tomaron, en algún momento, de aquí y de allí. Están donde se da la experiencia, pero no pueden ponerse a sacar enseñanzas filosóficas de ellas. Por eso, no creo prudente que se traiga, a este ámbito, esa discusión política secular, aplicada a un país, un departamento o una localidad, sino en la medida de que en tales experiencia se ven los errores y virtudes de las grandes líneas de pensamiento. Este ámbito debe reservarse, en general, a atender los problemas más propiamente filosóficos. Inclusive, creo que de aquí deben salir orientaciones muy generales, muy de fondo, para la actividad de todas las ciencias, técnicas y políticas. ¿Si no, quién? No le pidan a un grupo de ediles, o de diputados, o de senadores, o de científicos, o de periodistas, o de comerciantes que defina los más grandes rumbos para encarar el futuro. El programa de cada partido, que es extenso y detallado, suele contener, a veces expresamente, a veces implícitamente, vestigios de una concepción de la realidad. Pero no es su objetivo armar esa concepción. Es decir, queda un campo vacío, donde, si el político práctico o el filósofo teórico no toman las riendas, nadie lo hace. O terminan haciéndolo los politólogos, o los encuestadores, cuentistas sociales, historiadores, o directores de oficinas. Aquí donde vivimos, donde estamos tan atrasados y jaqueados, es donde más necesitamos ponernos al día, y aún adelantarnos a todos. ¿Cómo, eso sería posible? En un país tan chico como el nuestro no es fácil emprender tareas que requieran de grandes capitales, dominio de grandes mercados, grandes infraestructura de producción, etc. Es obvio que nos encontramos en seria desventaja en todo aquello que para progresar requiera estar ya dentro del club de los más poderosos. Pero, por suerte, por ahora, hacer filosofía depende sobretodo de quienes la hacen. Todavía no te cobran por respirar o por pensar. Está a nuestro alcance encontrar modos más inteligentes y realistas de concebir nuestro mundo y de ordenarlo más solidariamente eficaz. Debemos aportar nuevos caminos, o reforzar los existentes, siempre criticarlos. Pensar con valores más adecuados a nuestra realidad, y no con ojos ajenos ni categorías prestadas. Desentrañar cómo es la realidad, más allá de lo que puede hacer la ciencia, desde luego conociéndola. Debemos transmitir nociones muy generales. Pero antes de trasmitirlas hay que prepararlas. Y estos temas deben ser tratados en un ambiente menos agitado por las vicisitudes del momento, aunque bien conectado con la praxis, e igual de dolido por los males de la humanidad. Tengo grandes esperanzas de que juntos hagamos lo que nos corresponde hacer juntos. Lo cual no se hace siguiendo ciegamente caminos ya trazados. Hay que criticarlos y proponer caminos más fructíferos. Todos rumbeando pa’ l pueblo, buscando la mejor manera de ayudarnos.

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