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Los humanos somos orgánicamente incapaces de notar los
movimientos menores de la realidad. Por ello concebimos como quietos
los cuerpos cuyo movimiento no percibimos. Pero, analizado mejor, se
encuentra que lo que percibimos inmóvil siempre se mueve, interna y
externamente. Muchas nociones tradicionales como: quietud, reposo,
estabilidad, constancia, sustancia, cosa, unidad, ser, ente, son muy
dependientes de nuestras incapacidades perceptivas para notar
velocidades pequeñas. Nuestro organismo sugiere a nuestro conciente
que, por un lado, hay realidades quietas, y por otro lado, su movimiento.
Surge así la ficción orgánica de que hay: cosas,,, que se mueven, cuando
lo real es que hay cosas-que-se-mueven. [ Leer más… ]

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