La tesis que asegura que el consumo por un lado se debe pensar al
margen de la lógica social en general, queda desmentida por los hechos
de la cotidianidad hipertrófica contemporánea. El consumo nunca está al
margen de lo social. Lo prolonga, lo sacraliza, lo “mistifica”, hasta hacer
desaparecer el horizonte de su realidad, espectralidad de un consumo
abusivo y despiadado. Abusivo porque abusa de la realidad, jalándola
siempre hacia adelante, más adelante, sofocándola hasta el cansancio.
Abusivo por que su juego no reconoce fronteras, ni barreras ni obstáculo
alguno. Despiadado porque su juego es siempre homicida, criminal,
asesino. Nos asesina a nosotros como sujetos y se reafirma a sí mismo
como signo de consumo: que consume y es consumible, sin establecer
distinción entre quién consume y qué se debe consumir. [ Leer más… ]

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